miércoles, 20 de enero de 2010

El Vigilante




En el judaísmo hay una escuela rebelde de misterio que se llama Hassidismo.
Su fundador, Baal Shem, era un ser extraño. A media noche volvía del río.
Esa era su rutina, porque en el río, de noche, había una calma y quietud absolutas.
Solía sentarse ahí, sin hacer nada -solamente observando su propio ser;
observando al observador.


 Esa noche, cuando volvía, pasó por la casa de un hombre rico y el vigilante estaba de pie frente a la puerta.
El vigilante estaba intrigado porque  cada noche, exactamente a la misma hora, volvía este hombre. Salió y le dijo:
-“Perdone la interrupción, pero ya no puedo contener mi curiosidad. Me persigue la intriga noche y día.
¿A qué se dedica?, ¿Para qué va al río? Lo seguí muchas veces y no hay nada;
lo único que hace es sentarse ahí horas y horas, y después vuelve a media noche.”

Baal Shem le contestó:
-“Ya sé que me seguiste varias veces, porque la noche es tan silenciosa, que pude oír tus pasos.
Y sé que todos los días te escondes tras el portón.
Pero no solo tu sentís curiosidad por mí, yo también siento curiosidad por ti ¿A qué te dedicas?”

El guardián le contesto:
-“¿A qué me dedico? Soy un simple vigilante”

Entonces Baal Shem le dijo:
-“¡Dios mío, me diste la palabra clave!, ¡Mi ocupación es esa también!”

El guardián dijo:
-“Pero, no entiendo; si es un vigilante tendría que estar vigilando alguna casa, algún palacio.
¿Que está vigilando sentado ahí en la arena?”

Baal Shem le contestó:
-“Hay una pequeña diferencia: tu vigilas que nadie de afuera entre al palacio; yo simplemente vigilo al vigilante.
¿Quién es este vigilante? Ese es el esfuerzo de toda mi vida; me vigilo a mí mismo.”

El guardián le dijo:
-“Pero ese es un trabajo muy raro. ¿Quién le va a pagar?”

Y él respondió:
- “¡La felicidad es tanta, el goce es tan grande, es una bendición tan inmensa que es una recompensa en sí misma!
Un solo momento y todas las riquezas del mundo no son nada en comparación.”

El vigilante dijo:
-“Eso es  muy raro…yo me pasé la vida vigilando y jamás me topé con una experiencia tan hermosa.
Mañana a la noche lo voy a acompañar; quiero que me enseñe, porque yo sé cómo vigilar
pero parece que se hace en otra dirección.
Usted mira hacia una dirección diferente."

Hay un solo paso y ese paso tiene que ver con la dirección, con la dimensión.
Podemos enfocar tanto hacia afuera como cerrar los ojos al exterior y dejar que toda nuestra conciencia se centre en nuestro interior y te darás cuenta porque tu eres el que conoce, tu eres conciencia.
Nunca la perdiste, solamente dejaste que se enredara en mil y una cosas.
Saca tu conciencia de todo lo demás y déjala descansar dentro de ti.
Entonces, llegas a casa.
El núcleo esencial, el espíritu de la meditación, es aprender a presenciar.


Osho 
Lía
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