martes, 7 de abril de 2009

Antroposofía y Medicina - Conceptos Básicos


"Antroposofía es un camino de conocimiento que quisiera conducir lo espiritual en el ser humano a lo espiritual en el universo."
Rudolf Steiner


Antroposofía es la sabiduría del hombre o lo que el hombre puede saber.
Es una ciencia que se refiere tanto al mundo de los fenómenos sensorios como a la realidad invisible detrás de estos fenómenos.
Investiga estas realidades haciendo del alma humana su instrumento de investigación.
El hombre es objeto y herramienta de investigación al mismo tiempo.
La Antroposofía es un método y no una doctrina de revelación, tampoco una religión.
La Antroposofía indica el camino de autoeducación para despertar las facultades de percepción espiritual, latentes en cada alma humana.

Las causas del mundo físico se encuentran en esta realidad invisible o realidad espiritual.
La realidad en su conjunto abarca un número determinado de campos de existencia con sus respectivos moradores.
La existencia humana se despliega en algunos de estos campos, específicamente en el mundo físico, el mundo vital, el mundo astral
y el mundo espiritual propiamente dicho.
Estos mundos son objeto de la investigación antroposófica.
La Antroposofía describe las distintas jerarquías espirituales, su evolución y sus actividades por cuanto éstas intervienen en el proceso evolutivo del hombre.

La máxima intervención espiritual en el mundo planetario y humano ha sido la del Cristo.
Su aparición en la Tierra es el eje y el centro de la evolución, tanto cósmica como humana individual.
A partir de sus propias fuentes la Antroposofía revela aspectos esenciales del misterio de la vida del Cristo en Jesús de Nazaret.
Señala que la actuación del Cristo en la Tierra no quedó limitada a los tres años en Palestina; el Cristo acompaña y acompañará, en forma no física pero no obstante concreta y determinada, las diferentes etapas del presente y futuro de la humanidad.

En contraposición a las ciencias naturales de nuestra época y en concordancia con la sabiduría de tiempos antiguos, la Antroposofía ubica al hombre en el comienzo de la evolución cósmica.
La existencia de nuestro cosmos comenzó con la aparición del hombre en un forma netamente espiritual.
A esta forma espiritual se agregaron por procesos de densificación, en sucesivas etapas de la evolución cósmica, las formas astrales, etérico-vitales y físicas.
Aplicando otro enfoque puede decirse que el hombre se compone de cuerpo, alma y espíritu.
Con su cuerpo el hombre participa en la realidad físico-sensoria, con el alma en el mundo anímico y con su espíritu en el mundo espiritual.
Por consiguiente se amplía la perspectiva más allá de la vida física hacia una existencia prenatal y postmortem, dentro de una sucesión de vidas terrestres repetidas.
El destino se revela como algo que el hombre elige para corregir fallas cometidas y allanar el camino de su paulatino perfeccionamiento en el futuro.
La visión del destino humano, por lo tanto, no es pasiva sino activa.
La existencia del hombre tiene un origen, una orientación y una meta definidos; por ende tiene un sentido.
La Antroposofía contesta hasta las más profundas preguntas del alma humana: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?

Antroposofía y Medicina:

¿Qué es la medicina antroposófica?¿ Trata cualquier enfermedad?¿Es "alternativa" como la homeopatía o el naturismo?¿Qué estudia?
Estas preguntas suponen que se trata de una medicina más, o bien de una opción frente a la medicina alopática reconocida oficialmente.
Así no es. Antroposofía reconoce como válida a la medicina oficial que se basa en el método científico experimental. Con éste ha obtenido enormes conocimientos del hombre físico, enfocando principalmente el tema de la enfermedad. Ha desarrollado diversas y valiosas técnicas de diagnóstico ( químicas, radiológicas, endoscópicas); y por ensayo especialmente en animales, ha elaborado sustancias sintéticas que utiliza como remedios. Según sus principios, estos remedios reemplazan funciones que han cesado (Ej. hormonoterapia) o bloquean por oposición ciertos procesos anormales( Ej. antihipertensivos). El tratamiento se realiza de acuerdo a protocolos o normas generales según criterios de efectividad y estadística.
A estos conocimientos y prácticas la antroposofía agrega otros conocimientos sobre el hombre espiritual o suprafísico. Para llegar a ellos desarrolla métodos propios. Y a éstos conocimientos los considera indispensables de toda verdadera medicina y no de una en particular.
El médico antroposófico ha de obtener un saber operativo del hombre y el mundo que le rodea. Del hombre total, en tanto ser con cuerpo, vida, alma (psique) e individualidad espiritual. Del mundo en su aspecto astronómico, botánico, zoológico y mineral. De ambos, hombre y mundo, en sus procesos de evolución. Estos conocimientos le capacitan más ampliamente en relación con la mayoría de sus colegas que hoy en día se especializan en temas más o menos limitados.
Al diagnóstico convencional de enfermedad debe agregar el diagnóstico espiritual. Para ello es esencial que desarrolle una observación atenta libre de prejuicios, a fin de reconocer efectos de esos principios invisibles a los sentidos físicos. Debe desarrollar también el pensar en tanto actividad. Y ha de aspirar a utilizar otros órganos de percepción suprafísicos que le den información directa.
El médico que se prepara así tiene que conocerse a sí mismo, su propia vida anímica y circunstancias decisivas de su biografía. Frente al paciente individual ir mas allá del motivo de la consulta hacia su vida emocional, entorno y destino (ver segunda parte: El paciente como protagonista)
El médico así ha de saber primero qué es un hombre sano, equilibrado y armónico; y cómo estimular su desarrollo. Esto es, cómo cuidar la salud. Y a partir de ella comprender la enfermedad como desequilibrio de esa armonía.
No sólo ha de conocer más sobre tantos aspectos, sino que ha de aspirar a transformarse a sí mismo de modo que sea él por lo que es y representa, quien también actúa.
Las sustancias que utiliza como remedios son en su mayoría de origen vegetal y mineral; se obtienen por procesos propios de su farmacopea o bien por el método de dinamización homeopático. Estos medicamentos actúan como estímulo, indicando sentido o despertando las propias fuerzas de curación del organismo. Éste es incluido en la curación. Curarse es a la vez haber aprendido cómo hacerlo.
Debiera quedar claro que según los principios antroposóficos es imposible tratar a los pacientes con protocolos o recetas prefijadas; el tratamiento debe ser diferente en cada individuo aunque se trate de la misma enfermedad; que esto supone introducir un elemento creativo en el actuar del médico; que el remedio nunca puede ser indicado por simple recomendación; y que como remedio tiene efecto por sí mismo pero vive y actúa si está sostenido por tal médico y su relación con el paciente.

¿Por qué se enferma el hombre?

La enfermedad pertenece a los hechos posibles en la vida del hombre. Llega inesperadamente y así se la considera: algo casual, fortuito, surgido sin propia participación.
En el siglo pasado se buscó la causa del enfermar en tres grandes direcciones: una exterior, con la teoría dela infección; otra interior, en la competencia inmunológica; y la tercera, hacia el pasado en el material heredado y luego en la genética.
La infección atribuye a microorganismos (bacterias, virus, hongos, etc.) por el proceso de contagio, la causa de ciertas enfermedades. Puede decirse que las medidas de higiene y asepsia dieron base firme, en especial al avance de la cirugía; este proceso hubiera sido imposible sin esos recaudos. Es de objetar la lógica desviada que se ha utilizado al no reparar primero en las condiciones de susceptibilidad del organismo que hace propicia la proliferación microbiana. Como dijera Pasteur: “ el germen no es nada, el terreno lo es todo.”
La epidemia de SIDA, en la década del ´80, produjo un viraje del enfoque hacia el interior del organismo humano y su sistema inmunológico. Éste tiene su centro en la sangre, y constituye un “yo biológico”, capaz de reconocer, neutralizar y guardar memoria diferenciando lo propio de lo ajeno.
La competencia inmunológica es hoy punto de mira no sólo en infecciones crónicas, especialmente el cáncer. Es muy importante el siguiente descubrimiento: que este sistema tiene interrelaciones medibles, formando verdaderas redes, no sólo con el sistema nervioso, sino con estados del alma. Situaciones de alarma o tensión con exigencia de la actividad cerebral deprimen la inmunidad. Ejemplos de ello van desde la educación precoz e intelectual de los niños hasta inseguridad o violencia social en adultos. También lo hacen la soledad, temor, desesperanza y situaciones de vida no elaboradas crónicamente sostenidas.
Por último la genética investiga el núcleo celular y sus alteraciones (ADN). El principio en que se basa es el de la modificación de los genes como causa de ciertas enfermedades ( entre ellas el cáncer). Se reducen la vida y la enfermedad a meros fenómenos físicos. Es sugestivo resaltar:1) el que se haya convertido rápidamente en tecnología, esto es conocimiento aplicable (alimentos, clonación); y 2) paralelo con ese enorme avance la escasa información pública que se tiene al respecto sobre los fundamentos y pormenores de estos avances . Se afirma que el conocimiento del genoma humano permitiría un futuro de salud para todos con erradicación de la enfermedad.
¿Qué tienen en común estos tres enfoques? Que nacen de una medicina física y técnica basada en la observación exterior del organismo, en los fenómenos físicamente visibles. Esto ha demandado enormes esfuerzos y recursos. No se pregunta:¿quién ha preparado este suelo propicio?, o ¿quién elige determinado caudal genético? , o ¿quién es capaz de transformar emociones en anticuerpos? Esta concepción supone el hombre como un ser biológico natural en el cual las funciones anímicas superiores serían parte de un complejo “mecanismo” cerebral.

Antroposofía: una ampliación

La Antroposofía reconoce en el hombre además de un cuerpo física, la vida que lo penetra, el alma y el espíritu o Yo. A las funciones vitales de crecimiento, nutrición, reproducción, agrega la actividad del alma ( sensaciones, sentimientos, deseos, impulsos) y la actividad espiritual del pensar. Vida, alma y espíritu son realidades no visibles a los sentidos comunes, pero sí comprensibles por sus efectos a través de un pensamiento sano.
Es fundamental conocer que el desarrollo normal del alma y el espíritu se realiza en procesos opuestos a la vida, que generan desintegración orgánica. La sustancia debe cesar en su actividad para dejar un espacio donde despierta la vida consciente y la conciencia de uno mismo. Este desgaste a la vitalidad es compensado por procesos de autocuración, tal como ocurre durante el sueño. El que la actividad anímico espiritual conciente se interrumpa durante el mismo, debería ser reveladora de que lo espiritual no corresponde a procesos biológicos naturales sino “sobrenaturales”; en caso contrario continuarían sin extinguirse, como ocurre con la respiración o la actividad cardíaca.
Desde esta concepción ampliada del hombre pueden caracterizarse dos formas de enfermar.
Una es aquella en que el sentir como actividad del alma se amplía y profundiza. Tal es el caso en que se siente dolor, desazón. Estando sano los sentimientos quedan más o menos libres en la vida del alma. En la enfermedad el sentir se profundiza, desciende en lo orgánico. Es posible percibir un organismo suprasensible responsables de estas diferencias de actividad, al que se denomina cuerpo astral. Aquí se lo observa sumergido más profundamente en el organismo respecto del estado normal.
También el pensar, como actividad espiritual del Yo humano, tiene una base física a la cual está levemente ligado. Si este vínculo aumenta en intensidad se produce una enfermedad paralítica con atonia o cese de las actividades orgánicas. En este caso la parte afectada deja de ser reconocida como propia, se convierte en algo ajeno (como ocurre en un miembro paralizado y en la insuficiencia de cualquier órgano). Una de las causas de enfermar se debe entonces a una unión exagerada de lo anímico-espiritual con el cuerpo. Aquí los procesos de autocuración – de los que el sueño es un ejemplo – resultan insuficientes. Curar consiste en disminuir la intensidad de ese vínculo.
La segunda forma de enfermar es aquella en que el ser anímico-espiritual no llega a vincularse con el cuerpo físico. Éste entonces, valga la paradoja, intensifica los procesos sanos, aumenta en vitalidad propia. Aparecen congestiones, inflamaciones. La vida conciente se opaca o disminuye (como ocurre durante la fiebre). Es posible percibir la causa de ello en un organismo suprasensible que se denomina cuerpo vital o etérico; en él se basan la vida y la salud. En este caso la curación consiste en un tratamiento adecuado para este cuerpo etérico.
Por lo tanto las verdaderas causas de la enfermedad residen en la esencia de la constitución del hombre. El ser humano es un enfermo; y no sería hombre, es decir, ser de cuerpo, alma y espíritu, si no hubiera de enfermar. Las demás causas son simplemente efectos visibles de esas causas suprasensibles.


Fuente: Casa Steiner- Dra. Marta Miguel.
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