miércoles, 14 de septiembre de 2011

Vengan a sembrar Desiertos

Así les hablaba:
Hace ya mucho tiempo que la Necedad y la Insensatez están sentadas en el corazón del hombre, le nublan la vista y le cierran la razón. Todavía piensa el hombre que no tendrá que cosechar aquello que siembra.
Sólo se valoran las cosas cuando se pierden Vendrán tiempos en que todo este desperdicio que muchos hacen en estos días, les haga falta. Y vendrán días en que llegue a sus estómagos el hambre de aquello que ahora tiran.
Porque ¿Cuántos hay que crean en lugar de destruir? ¿Cuántos que antes de matar un árbol hayan posibilitado la vida a otros árboles? ¡Cuántos viven sus días y sus noches en el vacío de la superficialidad y la indolencia! ¡cuántos se hacen amigos de la Comodidad sin ver sobre cuántos está sentada!
Llenad de Amor vuestros corazones y venid a sembrar los desiertos de la Incomprensión y el Desaliento.
Llenad de buenos pensamientos vuestras cabezas y venid a limpiar el Pensamiento del Mundo, porque las tierras están secas, los corazones dormidos y las cabezas vacías.
No exijáis nada antes de exigíroslo a vosotros mismos, y sed vosotros mismos el primer árbol del desierto que llame al agua, porque ¿cómo llevaréis la Armonía a otros si no hay Armonía en vuestros corazones?, ¿cómo llevaréis a otros el Silencio si no sois ya vosotros mismos el Silencio? Sembraos vosotros mismos y dáos en sacrificio. Para que germine vuestro Espíritu, al cuerpo será al primero que habrá que vencer, al igual que el germen de la semilla lo primero que vence cuando busca al sol es su cáscara, y después la tierra.

Del libro Así Hablaba Quetzacóatl, Caitl Acotl


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