viernes, 4 de marzo de 2011

El mundo está torcido!».


El hijo de Mulla Nasrudin acababa de entrar en la escuela. La maestra, que estaba dando geografía y hablaba de la forma de la Tierra, le preguntó:

«¿Qué forma tiene la Tierra?».

Él se quedó en silencio; así que para provocar su respuesta ella le preguntó:

«¿Es plana?».

El niño contestó:

«No».

Un poco más esperanzada, le volvió a preguntar:

«¿Entonces es una esfera, tiene forma redonda?».

El hijo de Nasrudin volvió a contestar:

«No».Entonces sorprendida, le dijo:

«Sólo hay dos posibilidades: o es plana o es redonda, y dices que ni una ni otra. ¿Entonces cómo te imaginas que es?».

El niño contestó:

«¡Mi papá siempre dice que el mundo está torcido!».


Para la mente todo está torcido; no porque realmente lo esté, sino porque esa es la manera de ver de la mente: cualquier cosa que pasa a través de ese medio que es la mente, se tuerce. Igual que cuando metes algo recto en el agua, por ejemplo una paja, y de repente ves que al introducirla en el agua ocurre algo: se tuerce, ya no está recta.
La sacas del agua, y de nuevo vuelve a estar recta.

La vuelves a introducir y...
Y tú sabes que aunque esté dentro del agua la paja sigue estando recta, pero tus ojos no lo ven así. Puedes sacarla y meterla cien veces. Y aunque de sobra sepas que la paja sigue estando recta, el agua, como medio, te dará la falsa información de que no está recta.
Sabes por innumerables experiencias que el sufrimiento es creado por la mente, pero de nuevo vuelves a caer en la trampa. La mente crea sufrimiento. No puede crear otra cosa porque no puede encontrarse con la realidad. Sólo puede soñar; esa es la única capacidad que tiene. Sólo puede soñar. Y los sueños no pueden satisfacerte, porque siempre que se enfrentan a la realidad se hacen añicos.
Vives en una casa de cristal, no puedes afrontar la realidad. Siempre que la realidad llega, tu casa se derrumba, y ya has vivido en muchas casas que se han hecho pedazos. Llevas sus ruinas en tu mente, la angustia resultante. Y eso ha hecho que te vuelvas amargado.
Saborea a cualquiera y te sabrá amargo. Y esa es también la experiencia que los demás tienen de ti: todo el mundo sabe amargo. Si te acercas todo se vuelve agrio; si te mantienes alejado todo te parecerá maravilloso. Si te acercas se vuelve amargo; porque cuando te acercas, las mentes se penetran entre sí y todo se tuerce. Nada queda recto.

OSHO
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