miércoles, 5 de agosto de 2009

Autoindagación

La fe, la devoción hacia el ser divino al cual queremos “unirnos” puede ser la antesala de la comprensión final que nos confirma que jamás hemos estado separados. De igual forma la Auto indagación va minando los conceptos preconcebidos, incluso, hasta no dejar uno en pie. El discernimiento basado en preconceptos, crea y recrea nuevos conceptos. El discernimiento espontáneo al dudar de todo lo aprendido y de todo lo desconocido es el terreno donde brota la ultima comprensión. Lo gracioso de todo este aparente proceso sistémico es que no existe ningún proceso reformulado. El buscador se concibe como un individuo que debe realizar ciertos progresos o atravesar por determinadas experiencias para lograr encontrar su verdadera naturaleza. La mente establece etapas, practicas e incluso conductas que sean más propicias. El buscador aun se identifica con el Dispositivo Mente cuerpo, se puede sentir separado, incompleto o insatisfecho con las preguntas que lo sitian.

Sin embargo la mente lo único que realiza es el registro perceptual y racional de las experiencias. En realidad es la totalidad de la Conciencia en Manifestación la que está confundida, desde el momento en que se identifico con la experiencia perceptual del recién nacido, el cual se extasió por primera vez con la sensación de “yo soy” existo, observo, identifico aquí y allá, tú y yo: Dualidad.

La sensación de “yo soy” y la dualidad son inherentes a la diversidad de la creación, fluyen entre los seres preceptores hasta que dure la percepción.
La iluminación o el supuesto despertar no son realizados por los aparentes individuos o por la mente. La conciencia total es la que resuelve el mal entendido de identificarse con el individuo y no al contrario. Por ello no importa en realidad lo que acontezca con las imágenes proyectadas sobre el telón del teatro, pues el telón permanece inmutable a pesar que las proyecciones muestren a un individuo devoto o a otro indagador sobre su naturaleza.

La comprensión no está en manos de las imágenes sino del creador de la película y lo sorprendente es que Dios, el creador, no planea la temática o trama, todo acontece espontáneamente como la danza del océano, donde ninguna ola está desconectada o cuenta con la capacidad de reclamar la autoría de su desplazamiento en el tiempo espacio.
Publicado por Eduard Olarte
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