lunes, 8 de junio de 2009

Esperanza De Una Economía Espiritual


Madre Tierra/Gaia a través de Pepper Lewis
www.thepeacefulplanet.com
Traducción: Fara González
Edición: Anita Manasse – wayran@gmail.com


PREGUNTA: ¿Hay esperanzas para una economía mundial basada en principios espirituales? Yo quisiera cambiar la manera de ganarme la vida hacia algo más pleno y que apoye a un mundo en el que quisiera vivir. He visto a otros convertirse en sanadores, practicantes y canalizadores, pero en su mayoría están meramente sobreviviendo financieramente, y la tensión al no poder lograrlo parece ser la misma independientemente del trabajo de uno. Conozco a muchos que practican el intercambio de servicios, pero con eso no se paga la renta. Encima de todo esto, la comunidad espiritual que conozco parece competitiva y mezquina a veces. He visto compromisos respecto a principios que rivalizan con cualquiera en el agresivo mundo de los negocios ¿Hay una solución para esto? ¿Podemos cambiar el mundo y así todo obtener ingresos decorosos? ¿Podemos ser espirituales y adinerados, también?
Los principios espirituales no son diferentes de los otros principios cuando se sostienen, se mantienen y se consideran vitales. Un principio es un estándar esencial y fundamental que asume pensamiento y acción moral y ética. Un principio es un pensamiento primario; uno que viene antes que todos los demás. Los principios o el correcto pensar, están bajo la dirección de la Causa Primera, o de aquella que venía antes de Si misma; la primera antes que hubiera una primera, y el cero antes de que existiera uno. Este principio, una causa absoluta, asume que el correcto pensar llevará a la acción correcta, el efecto más natural y obvio.
Esto puede sorprenderles, pero el mundo se basa en principios espirituales, y en su mayoría estos se sostienen। ¿Por qué no lo parece? Porque los principios y las leyes superiores son transparentes e invisibles. Ustedes no pueden ver la causa, pero pueden ver el efecto. Siendo la causa más sutil que el efecto, es también más refinada. La Ley Divina es el fundamento en la que descansa la ley humana, pero la ley humana no descansa con mucho ahora, de hecho ¡prácticamente no descansa!


La dificultad respecto al entorno de trabajo hoy radica en que muy pocos sienten que ellos logran un cambio en su entorno o en el mundo que comparten con muchos otros. Hay un vacío persistente y molesto que se mantiene mayormente deprimido. Hambrienta del tipo de afecto que solo puede traerle el Espíritu, la humanidad va en busca de un empleo más reconfortante en lugar de un sendero más reconfortante. Con tantas horas dedicadas diariamente, semanalmente y anualmente al trabajo, no es difícil imaginar por qué la humanidad querría cambiar a un empeño más satisfactorio.
PREGUNTA: ¿Por qué la comunidad espiritual rebosa de sanadores, canalizadores, maestros, facilitadores y practicantes de todo tipo?
Porque aquellos que han invitado, dado la bienvenida o hecho contacto con la calidez del Espíritu en sus vidas no pueden querer otra cosa que no sea compartirla con los demás। Hay una especie de trono dentro de cada ser, un asiento para el alma. Una vez que el Espíritu entra en este lugar y lo caliente con agni o el fuego del alma, tiene lugar un cambio como ningún otro, que transforma la vida y fija el curso del propósito.


Como si estuvieran intoxicados por una poción amorosa, la Materia y el Espíritu se unen ahora, fijan un curso que les llevará más allá del sol y de vuelta nuevamente. Mientras está en este viaje de experiencia el ser es capaz de revisitar muchas de sus expresiones previas, y en cada una de estas encrucijadas, se añade o recuerda otro recuerdo y otro regalo. Eventualmente el fuego ardiente se convierte en un horno controlado y el ser inflamado se aquieta en un nuevo patrón en el que la materia se sostiene mediante el espíritu. Los patrones son emulaciones naturales de la perfección, que es la razón por la cual ellos son tan atractivos e incitantes. Inspirado por la perfección o la Causa, uno no puede menos que querer compartir la expansión de la perfección. Los que se ofrecen de esta forma describen un acercamiento a la Fuente que según ellos está menos disponible en otros sitios.
PREGUNTA: ¿Por qué tantos de estos individuos de buenos propósitos, buenas intenciones y merecedores meramente sobreviven financieramente?
En algunos casos el individuo y su empeño no son apropiados el uno al otro. El mismo fuego que nunca puede extinguirse puede y de hecho quema. Cuando la Materia y el Espíritu no están en equilibrio no puede sostenerse la ley perfecta. Como la ley perfecta es el fundamento que sustenta la ley humana, un fundamento menos que perfecto llevará a un patrón menos que perfecto. Los patrones perfectos se expanden perfectamente, pero los patrones menos que perfectos se expanden en patrones menos que perfectos, creando a menudo desafíos en su intento de recuperar la perfección. Aún aquellos guiados por el Espíritu deben utilizar la guía para crear o manifestar en y con la Materia. En ningún otro sitio es tan evidente esta ley como en la Tierra de tercera dimensión donde el sufrimiento y la ignorancia respecto a la ley natural se reflejan el uno en la otra irrevocablemente.
Las condiciones en las que persiste la carencia son reflejos de una polaridad sesgada। Utilizando la premisa anterior podemos concluir que el Espíritu o la Materia, o ambos están fuera de equilibrio en lo concerniente al individuo o a su trabajo. Quizás el deseo de sanar deba expresarse de otra forma. A menudo, los que tienen un fuerte deseo de sanar a otros deben primero sanarse a sí mismos, o al menos permitir que sus energías lo hagan. La ley superior requiere esto y lo demanda cuando es necesario. El mundo será sanado un corazón de por vez independientemente del tipo de moneda o favores que se intercambien en el proceso. Las ostras se irritan para convertirse en perlas mediante la persistencia de los granos de arena. Los humanos no son diferentes a las ostras.


Las modalidades y las técnicas pertenecen al momento y al día. Los Certificados de Graduación, como diplomas, son recuerdos de energías ya consumidas. El empoderamiento para sanar o para enseñar emerge de la chispa interna que por sí sola se recrea a sí misma porque es un reflejo de Luz. Los que enfocan su práctica como estudiantes de la vida verán que prosperan más que los que profesan el conocimiento desde lo divino. La divinidad es la totalidad indivisible. Las modalidades y maestros que dividen y desacreditan los trabajos de otros oscurecen su propia luz, deteniendo su progreso y enlodándolo en la sombra.
Hace mucho tiempo, un párroco que creía en un cielo placentero y en un infierno candente comenzó a circular un rumor poco alentador respecto a quien podría ser merecedor de guiar su carruaje hacia el reino superior. El dijo a sus fieles que el Cielo y el Infierno estaban en competencia para ver quien podía atraer más candidatos. Para probarlo colocó a dos zapateros del pueblo uno contra el otro murmurándole a cada uno que el otro quería secretamente sacarlo del negocio. Durante un tiempo los dos zapateros se miraron con suspicacia, contando sus monedas en secreto y preguntándose cuantas monedas contaría el otro. Cuando su carga de trabajo disminuyó ellos imaginaron una conspiración y comenzaron a planear una medida de respuesta. Ellos soñaban con el cielo que merecían y con el infierno que esperaba al otro. La acritud llenaba sus corazones y pensamientos de venganza llenaban sus mentes. Cada uno se enfermó y estaba seguro que el otro le había enviado un hechizo. La buena fortuna los eludía a ambos. La predisposición sobrecogió al pueblo y muchos enfermaron bajo una luna de mucha consecuencia cuya sombra parecía brillar demasiado tiempo.
Una vez un mendigo hambriento entró descalzo al pueblo y con un harapo por manto। El le ofreció al primer zapatero una semana de trabajo a cambio de unas cuantas comidas calientes y un par de zapatos usados, pero fue expulsado violentamente. Se acercó entonces al segundo zapatero y le ofreció dos semanas de trabajo a cambio de un camastro suave, unas cuantas comidas calientes y un par de sandalias usadas. Esto le fue denegado también, aunque de manera menos excesiva. Al llegar la noche el mendigo buscó refugio en la iglesia del pueblo, esperando encontrar un banco en el que descansar.


Caminando a tropezones y divagando a medida que el hambre y el desgaste lo amenazaban, el mendigo sorprendió al párroco que sorpresivamente sufrió un ataque cardiaco y murió. El mendigo temía por su vida y pensó claudicar, debido especialmente a las actuales circunstancias. Pensando que nunca era tarde para dar una buena impresión, decidió que era preferible conocer a su creador con la panza llena y vistiendo mejores ropas. El comió espléndidamente y luego se vistió con las mejores ropas del párroco. Aunque trató no pudo colocarse los zapatos del párroco e infelizmente, quedó descalzo.
El mendigo salió en busca del carcelero del pueblo, pero en su camino encontró al primer zapatero que no lo reconoció vestido con las ropas del muerto. El zapatero le dio la bienvenida al pueblo y ágilmente le ofreció un par de zapatos hechos a la medida, los cuales el impostor aceptó. El sopesó el daño de aceptar el regalo y pensó que era poco, hablando comparativamente. Siguió su camino y casi chocó con el segundo zapatero que le ofreció disculpas profusamente e insistió en reparar la injusticia con un nuevo par de sandalias. Temeroso de ser reconocido antes de poder confesar su crimen el impostor aceptó el regalo y escapó.
Ofreciendo saludos amistosos y haciendo algunas indagaciones con tacto, el mendigo descubrió que el carcelero, un hombre bondadoso y de buenas maneras había recibido algún entrenamiento en las artes medicinales, y estaba de hecho fuera del pueblo recogiendo hierbas para añadirlas al último bálsamo en un intento de sanar los diferentes síntomas que comenzaban a afligir a todo el pueblo. El mendigo regresó a la parroquia prometiéndose que regresaría al día siguiente para ser juzgado y posiblemente sentenciado.
En el ínterin, se permitió el placer de otro baño y otra buena comida. No podía imaginar como sería el infierno pero pensaba que en este momento estaba más cerca que nunca del cielo. Levantó la cabeza al cielo y dio gracias. Entonces dejó caer la cabeza y le susurró al Infierno que pronto iría para allí. Silenciosamente, y de lados opuestos de la habitación, los dos zapateros entraron a la parroquia, de puntillas para no molestar la oración en curso temiendo que ésta no fuera contestada debido a la intromisión de ellos. Cuando llegó el momento apropiado ellos saludaron al impostor, que ya parecía y sonaba como un verdadero párroco.
Notando que ya no estaba solo, sino bastante cómodo en su nuevo entorno, el mendigo aceptó y alabó los zapatos y sandalias recién recibidas. Convencido de que ya no lo identificarían como un mendigo y como extensión de su gratitud, él invitó a sus nuevos amigos zapateros a compartir el vino y sentarse en torno al fuego, lo cual ellos aceptaron. Una dulce melancolía los embargaba a los tres a medida que cada uno hablaba de la bondad que se les presentaba en los momentos en que menos se esperaba. Desconociendo al mendigo/párroco, los dos zapateros se miraron entre sí con miradas de pena. Interesantemente, nadie se preguntó que le había sucedido al párroco original o adonde había ido.
Llegó la mañana del domingo y el carcelero no había regresado. El mendigo estaba angustiado. Emergió de la pequeña habitación en la que se había permitido vivir para encontrar un salón lleno de feligreses. En un momento de temor le pidió al infierno que lo reclamara, pero no sucedió nada. Demasiado apenado con el cielo para pedirle favores él tomó su lugar en el púlpito e inclinó su cabeza en señal de pena. Al hacerlo, todos los presentes lo imitaron. Entre lágrimas, él comenzó a hablar de las penurias increíbles que a veces recaen sobre los buenos hasta que ellos comienzan a verse mal. Sus palabras simples salían de un corazón suave que había sobrevivido en un mundo adverso y ahora contaba su historia. Sin saberlo, había llevado a cabo su primer sermón.
Una multitud agradecida y complacida le respondió y se mantuvo de pie en señal de respeto a medida que él caminaba entre ellos. Ellos le daban la mano y le agradecían al pasar por su lado, despidiéndose. Algunos no podían esperar para ofrecerle promesas de cenas, postres, un buen fuego y más. Todas las ofertas fueron alegremente aceptadas. Increíblemente, nadie preguntó que le había ocurrido al párroco original o adonde había ido.
Dice la leyenda que el Cielo y la Tierra se reúnen una vez al año para intercambiar residentes y reclamar a los nuevos. La leyenda también dice que un párroco descalzo reformado saluda cada nuevo arribo e intercede a su favor. Al hacerlo se conoce que él dice “no juzguéis, seas mendigo, prestamista, solicitante o ladrón”.
La anterior es una leyenda verdadera (yo estaba allí), es una parábola, una simple verdad que tiene como objetivo ilustrar e inspirar. No hay una gran lección aquí, y ciertamente ninguna que sea nueva. La competencia, sea entre zapateros o maestros, ata a cada uno a sus propios temores, cualesquiera que sean. El temor tiende a consumir la pasión, extinguiéndola antes de que haya calentado el alma. En una competencia contra uno mismo, ¿quién puede ser el ganador?. La bajeza viene de los pequeños pensamientos, y generalmente éstos están basados en la percepción de tiempos pasados malhadados. Es mejor hablar menos y contemplar más, particularmente antes de emitir un voto de desconfianza. Aún las palabras silenciosas, como una salvia mágica, harán que todo aquello que es invisible aparezca a plena vista. Las palabras menos piadosas también se verán a la plena luz del día. Rodéense de aquellos que ustedes admiran y alienten a los demás a que hagan lo mismo.
Los compromisos respecto a los principios se basan en la falta de auto-respeto, así como en una desconfianza en el campo de la plenitud. La ley superior no cederá ante la ley inferior, por tanto la ley humana debe elevarse o sufrir sus faltas. Un compromiso es un acuerdo en el cual dos o más partes acuerdan aceptar menos de lo que originalmente esperaban o pensaban que era posible. La mayoría de las veces la disputa es entre el yo superior y el inferior, que es donde se estudian y ponen a prueba los principios. El áspero mundo de los negocios se construye con la misma plataforma de energía correspondiente a la Nueva Era o a la Edad de Piedra. Muchos de los sanadores y maestros actuales han escapado recientemente de sus entornos de negocios que amenazaban con consumirles. El nuevo idioma que ellos recién aprenden a hablar no ha borrado la mediocridad de su pasado. La paciencia debe prevalecer a medida que ellos se dedican a la tarea que se les presenta.
El intercambio de bienes y servicios es una tradición antigua y bien establecida. Ella sustenta el intercambio de servicios útiles sin que medie moneda alguna. Hace muchos años a los de las clases más bajas se les prohibía la posesión de propiedades. Como también eran incapaces de firmar o cumplir las obligaciones de un pagaré, ellos crearon un sistema propio, uno que establecía y mantenía un valor que se basaba en una palabra o en un apretón de manos. Era un sistema excelente y todavía lo es, excepto por el hecho de que aquellos que lo practican todavía tienen la ilusión de que de alguna forma ellos pertenecen o están relacionados con un estándar inferior de vida. Desconocedores respecto a su propia valía, o a la de sus talentos genuinos, ellos se los ofrecen a amigos, familiares y aún a extraños a tasas reducidas, mínimas o ninguna. Ellos intercambian y comercian habilidades, productos y servicios sin establecer un verdadero valor o sin propugnar que ellos son un ejemplo a seguir.
Es bueno el tener conocimiento de diferentes sistemas de pensamiento, ya sean sociales o económicos. Es importante también el conocer la propia valía, y ser tan honorables con uno mismo como con los demás. En todas las cosas hay un punto de equilibrio, y en cada intercambio su equivalente debe alcanzarse de manera que los resultados sean óptimos. El despliegue del valor es la expansión de la riqueza. La riqueza no es la acumulación de dinero. Es la recolección de recursos, así como del conocimiento que acompaña a todas las cosas a su debido lugar. Esto incluye el reembolso ágil de la deuda cuando se debe y la deliciosa mezcla de Espíritu y Materia que entra en cada lugar y a través de la vida de uno.
El Espíritu y la Materia son una parte de cada sistema de medición de la abundancia. La riqueza del Espíritu conoce que la materia es su compañera, y el Espíritu vive aún en la Materia más densa. Los que comercian y realizan operaciones bancarias y confieren valor al sistema monetario actual disfrutan su trabajo. Uno no es menos espiritual porque haya encontrado un equilibrio en este sistema cuando otros no lo hayan logrado. Cuando el sistema actual ceda paso al siguiente, quizás otros se vuelvan más prósperos. Acumulen tanto como quieran o dejen a un lado aquello que ya no les sirve, no importa, ya que la decisión es propia de ustedes y no de otro. Donde el Espíritu y la Materia están en buen equilibrio no hay diferencia entre la riqueza espiritual y la riqueza monetaria.
La Materia quiere hacer, y el Espíritu quiere ser. Dios es un Ser Divino, no un Hecho Divino, porque Dios es el Espíritu que anima la Materia. La humanidad es tanto Materia como Espíritu, es ambos un Quien y un Que, y una no puede vivir mucho sin la otra. La humanidad está mejor cuando ambas están en equilibrio. La tarea o la actividad de uno no asegura una base espiritual al igual que un visionario espiritual no alimenta una familia hambrienta. Por otra parte, el encuentro de nuestro propio equilibrio, de esa frecuencia única que habla desde un lugar profundo interno, estimula y cumple una esencia de perfección que facilita y trae paz a las más antiguas ansiedades y apasionamientos.
PREGUNTA: ¿Tiene el mundo una solución para aquellos que están empleados irregularmente o para aquellos que están tremendamente disgustados con su empleo actual?
Sí, pero involucra el salirse fuera de los sistemas de creencias que atan los tobillos y ponen zancadillas fácilmente. La tercera dimensión está profundamente inmersa en la densidad. Es una de las dimensiones más pesadas, lo cual queda en evidencia debido a su atracción gravitatoria. Ustedes no pueden escapar de la atracción gravitatoria al igual que no pueden ignorar las muchas expresiones de sufrimiento que se manifiestan a diario. La tercera dimensión es tanto como la tercera dimensión hace. En otras palabras, ser viene antes que hacer. El Espíritu viene antes que la materia. De nuevo, el Espíritu entra a la Materia y entonces crea a través de ella. Es por eso que las preguntas que comienzan con “¿que puedo yo/que podría yo”? son tan difíciles de responder – el Espíritu no ha entrado todavía en ellas, así que todavía no hay Materia. “No tiene importancia” (n. t. en ingles “nothing is the matter” o textualmente: “la materia no es nada”) significa que el Espíritu todavía no ha sido detectado en la Materia.
Para crear una nueva realidad, debe detectarse un cambio en la realidad actual. Ese cambio se llama Ser (n.t. o también “estado de ser”); también se llama Divinidad, Creatividad y Actividad. La actividad es un aspecto del ser, no del hacer. Un ser activo, como un principio activo, es una expresión dinámica de posibilidad. Una dinámica es un campo pleno de acción de energía, no muy diferente del pleno espectro de luz; es voluntad (deseo puro) expresado como una fuerza (energía), y se caracteriza por la producción (y secreción) de una actividad (ser y hacer) que produce cambio, desarrollo y movimiento. ¿Ven? ¡Esta es la formula de como ser el cambio que ustedes también verán!
Es así como ustedes cambian su mundo, un pensamiento de por vez, una tarea de por vez, un dinero o sistema de por vez – ¡o todo a la vez! Ustedes no tienen que destruir su mundo o sus creencias; ustedes pueden reemplazarlos con una verdad superior y una ley superior. Es una ciencia; no puede engañar o confundir. No puede ser manipulada o controlada. El entendimiento de esta ley les liberará para que escapen de la sentencia que le ha impuesto su sistema de creencias. La ley es la clave, y como deben recordar, no hay carcelero, solo un gentil metafísico que recolecta todo aquello que pueda sanar los padecimientos del mundo. ¿Serán ustedes mis compañeros en esto?
Claridad y Coraje para Hoy, Guía y Sabiduría para Mañana
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