lunes, 22 de febrero de 2010

Sobre el Servicio...



Cuando  alguien nos habla de hacer servicio, lo primero que asociamos
es ir a ayudar a un hospital, un asilo, un barrio carenciado, personas mayores, drogadictos,
un grupo humano necesitado, etc., sin recibir recompensa por nuestro esfuerzo.

En un nivel más cotidiano pensamos en buenas acciones, como ayudar a cruzar la calle a un ciego, o dar el asiento en el ómnibus. Hacer servicio parece querer decir
"hacer algo por alguien", dar "algo que uno tiene"
(tiempo disponible, energía de acción, capacidad para acompañar) a "otro que no tiene".
O limitarse a un hacer tareas hacia afuera de nosotros.

Quienes ponen en práctica tareas de esta índole con cierta regularidad
comienzan a descubrir aspectos menos visibles del servicio.
El primero de ellos: reconocen en las personas a quienes sirven
la misma chispa divina que los impulsa a dar.


Entre los otros y nosotros no hay diferencia.
Todos somos Uno.
Y ese Uno es Dios,
con el nombre con que cada uno lo llame.


Al dar desinteresadamente, no de mí a ti o a él
sino haciendo circular esa energía que cosquillea en el corazón,
uno tiene la sensación de ser intermediario
entre una energía mayor y la acción donde se materializa.


La alegría, ahí, es infinita.
No damos: nos damos a nosotros mismos.
No hay uno que da y otro que recibe, sino dos que dan:
porque los necesitados nos dan la posibilidad de dar.
Gracias a ellos podemos cumplir la función humana más elevada:
brindarnos, entregarnos.


Al entregarnos a alguien que necesita
no estamos ayudando a él ni a nosotros.
Estamos sirviendo a Dios.


Nuestras vidas toman sentido y paulatinamente
el hacer servicio se va transformando en estar en servicio:
cada acto que hacemos, grande o pequeño, transforma nuestra vida.

Este fluir de las energías superiores a través de nosotros,
este generar acciones alineadas con las necesidades de cada momento y de cada persona, produce una irradiación que trasciende lo individual y se instala en lo colectivo.

Cualquier apertura hacia otros niveles,
cualquier servicio que no proviene de un interés personal
ni va en busca de ningún resultado especial,
es hecho para la gloria de la Vida Única.
Cualquier cosa que acontezca, sea una acción altruista o una meditación, es servicio.
Y los destinatarios no son únicamente los individuos involucrados,
sino el planeta todo.

El sol irradia sin preguntar a quién.
El árbol da sombra hasta a quien lo hacha.
¿Y el hombre?

Servir ahí donde seamos necesarios
es un don primordial.

Desconozco el autor.
Lía
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