miércoles, 10 de febrero de 2010

Sobre el Servicio...


"Si quieres que tu servicio sea útil a los demás, sin perjuicio para tí mismo,
procura que te guíen en tu camino estos tres preceptos:

1) Que tu mayor alegría sea hollar el sendero del servicio.

2) Que te reconozcas como agente de una fuerza más poderosa que la tuya,
que al penetrar en ti te infunde el poder de servir.

3) Que veas en los demás la misma Naturaleza Divina que en tí mismo.

Procura que la fuerza de tu afecto hacia otro no perturbe tu equilibrio o el suyo.
Tu servicio debe fortificarle y no debilitarle.

No sientas envidia por la capacidad de auxiliar que otro tenga.
Debe más bien alegrarte de que tal poder exista,
para ayuda de aquellos a quienes el tuyo no alcanza.

Cuando vayas en ayuda de alguien, procura identificarte con el ideal
de quien has recibido el poder de servir.
De este modo realizarás tu ideal, y al mismo tiempo tu ayuda será más efectiva.
No busques el fruto de tu servicio, y no te entristezcas si aquel a quien has ayudado no pronuncia ni una palabra de agradecimiento. Ten presente que estas aquí para servir al alma, no al cuerpo y aunque los labios permanezcan mudos, siempre te será dado percibir la gratitud del alma.

Uno de los actos de servicio más raros,
consiste en abstenerse de juzgar a una persona antes de haberla oído.

La mejor manera de servir consiste en aligerar el fardo, no en suprimirlo.

Ayudarás mejor a los demás, si te compenetras de su propio ideal.
Es por lo que tienen de más noble en sí mismos, que se les puede servir mejor.
Hay tantas maneras de servir,
como personas en el mundo a quienes ayudar.

Los que creen que no están en situación de prestar servicio, olvidan a menudo la existencia de los seres inferiores de la creación, como las plantas y los animales.

Muchos que no tienen tiempo de prestar un servicio, se las arreglan en una forma u otra,
para tener ocasión de recibirlo.

Si una persona rechaza el modo como tratas de servirla, procura encontrar otra forma;
ya que tu deseo es servirla, y no imponerle tu manera de hacer.

No temas ofrecer tu ayuda a quien la necesita, le conozcas o no.
Su desamparo le hace hermano tuyo.
Y tu timidez sería una forma de orgullo que lo privaría de consuelo en su dolor.

El mejor modo de persuadir a una persona para que siga un buen consejo,
consiste en practicar uno mismo aquello que se aconseja.

Si llegas a creerte mejor que los demás por el hecho de que estas aprendiendo a servir,
y porque te parece que ellos no siguen el mismo camino...
desde ese mismo instante cesas de servir.

El verdadero servicio consiste en hacer partícipes a los demás de nuestra vida interior,
no en colocarnos frente a ellos, ya sea directa o indirectamente, como ejemplo que deben seguir.

Una persona puede pedirte que le ayudes de diversas maneras.
Pero tu mejor ayuda será darle aquello que necesite y no lo que pueda desear.

No te digas: "hoy he ayudado bastante". En cambio, piensa si no podrías haber hecho más,
y sobre lo poco que en realidad haz hecho
para disminuir la mucha miseria y sufrimiento que existe en el mundo.

Dar a alguien la ayuda que en realidad corresponde a otro, no es verdadero servicio.
De los muchos que están listos para servir,
la mayoría emplea diferentes medios, menos el conveniente.

No descuides a los que deberías ayudar,
por aquellos a quienes deseas servir.

Cuando trates de ayudar a alguien, no te impacientes por sus debilidades.
Esas son las que te permiten el privilegio de servirle;
pues de lo contrario no tendría necesidad de ayuda.

No temas proclamar el origen de tu propia inspiración para servir;
pues dar a conocer la fuente de tu felicidad,
es una de las más bellas ofrendas que puedes brindar al mundo.

Si donde actualmente estás eres incapaz de descubrir ocasiones de servir,
mas incapaz serías allí donde quisieras estar".
J. S. Arundale

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